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Actividades anti-islamicas 19 enero, 2008

Posted by lariosola in Cultura de Defensa.
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Interesante el cambio de lenguaje que puede cambiar la percepción sobre los actos terroristas cometidos en nombre de Alá.

Los terroristas que asesinan cruelmente con la finalidad de extender el miedo y provocar una respuesta cobarde de los gobiernos que los padecen, hasta ahora se vanagloriaban de ser “soldados de la fe y del terror”.

La redefinicion como actividades anti-islámicas promueve un cambio de estrategia respecto a los fanáticos. Se busca el respaldo de los musulmanes moderados, que no desean una extensión de la muerte y la sangre en nombre de la religión que profesan.

Quizás estemos en el principio del fin de la “Guerra contra el Terror“.

Por fin, empezamos a comprender.Conviene darse un vuelta por aquí.


New wars, guerres nouvelles, nuevas guerras … 30 octubre, 2007

Posted by lariosola in Conciencia de Defensa, Cultura de Defensa.
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 ¿Es el terrorismo la cuarta guerra mundial, si la Guerra Fría fue la tercera?

El terrorismo no juega con el mismo tablero que sus adversarios, se sitúa al margen del sistema internacional, y por lo tanto, aprovecha ventajosamente las “auto-limitaciones civilizadas”.

Al Qaeda es una red mundial formada por grupos no vinculados entre ellos por una estructura organizativa y unidos por una serie de objetivos que se superponen parcialmente. Si el terror siempre puede elegir el objetivo, y el momento; los sistemas de defensa carecen de efectividad. No es posible defender todo, en todo momento, frente a todas las amenazas: sencillamente, es imposible; no se podría vivir en un sistema tan exigente; su coste sería desproporcionado.

La relación entre el coste de un ataque terrorista con los gastos generados es infinitamente mayor que la provocada por la 2ª Guerra Mundial, especialmente costosa en vidas y bienes. Si los atentados del 11-S se costearon con 100.000 $, incluso con diez veces más, 1 millón de dólares, vemos que la destrucción de las Twin Towers, las vidas, la reconstrución y finalmente, el clima de inseguridad mundial, ha multiplicdo exponencialmente su coste. Impacto psicológico y sociológico; el gasto sanitario, social de reconstrucción y de seguridad que acarrean es unc oste demasiado alto para evitar la tentación de repetir la acción, más llamativa, si cabe.

Esta competición estratégica, con modelos estratégicos distintos no puede afrontarse única y exclusivamente con un incremento de la  sofisticación tecnológica. Y si me apuran, la Guerra contra el Terror (GWOT) y las operaciones militaes en Irak, no aportan mucha más seguridad. La vigilancia de las telecomunicaciones (email, voz, satélite, etc), la vigilancia de las fronteras (personas y bienes), el control de extranjeros y personas asociadas en un país supone tal gasto, que no es económicamente viable.

Los recursos destinados a seguridad, aunque indudablemente aportan cierto nivel de tranquilidad, no eliminan la amenaza, y evitan su empleo en áreas más relevantes a largo plazo: educación, bienestar, etc. Si EEUU ganó a la URSS la Guerra Fría, por incapacidad económica para sostener la dualidad, quizás el terror esté empleando la misma ventaja estratégica. Por ello, la respuesta militar no es la solución,  o la única solución.

Una respuesta compleja, multipolar de caracter político, que aune diferentes modalidades específicas, asegurará una respuesta más acorde a la complejidad que impone el terror, y salvaguardará recursos básicos para el sostenimiento y cuidado de su propia sociedad, de su modo de vida, incluso, del “sueño occidental“.

 

New wars, guerres nouvelles, nuevas guerras … 30 octubre, 2007

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 ¿Es el terrorismo la cuarta guerra mundial, si la Guerra Fría fue la tercera?

El terrorismo no juega con el mismo tablero que sus adversarios, se sitúa al margen del sistema internacional, y por lo tanto, aprovecha ventajosamente las “auto-limitaciones civilizadas”.

Al Qaeda es una red mundial formada por grupos no vinculados entre ellos por una estructura organizativa y unidos por una serie de objetivos que se superponen parcialmente. Si el terror siempre puede elegir el objetivo, y el momento; los sistemas de defensa carecen de efectividad. No es posible defender todo, en todo momento, frente a todas las amenazas: sencillamente, es imposible; no se podría vivir en un sistema tan exigente; su coste sería desproporcionado.

La relación entre el coste de un ataque terrorista con los gastos generados es infinitamente mayor que la provocada por la 2ª Guerra Mundial, especialmente costosa en vidas y bienes. Si los atentados del 11-S se costearon con 100.000 $, incluso con diez veces más, 1 millón de dólares, vemos que la destrucción de las Twin Towers, las vidas, la reconstrución y finalmente, el clima de inseguridad mundial, ha multiplicdo exponencialmente su coste. Impacto psicológico y sociológico; el gasto sanitario, social de reconstrucción y de seguridad que acarrean es unc oste demasiado alto para evitar la tentación de repetir la acción, más llamativa, si cabe.

Esta competición estratégica, con modelos estratégicos distintos no puede afrontarse única y exclusivamente con un incremento de la  sofisticación tecnológica. Y si me apuran, la Guerra contra el Terror (GWOT) y las operaciones militaes en Irak, no aportan mucha más seguridad. La vigilancia de las telecomunicaciones (email, voz, satélite, etc), la vigilancia de las fronteras (personas y bienes), el control de extranjeros y personas asociadas en un país supone tal gasto, que no es económicamente viable.

Los recursos destinados a seguridad, aunque indudablemente aportan cierto nivel de tranquilidad, no eliminan la amenaza, y evitan su empleo en áreas más relevantes a largo plazo: educación, bienestar, etc. Si EEUU ganó a la URSS la Guerra Fría, por incapacidad económica para sostener la dualidad, quizás el terror esté empleando la misma ventaja estratégica. Por ello, la respuesta militar no es la solución,  o la única solución.

Una respuesta compleja, multipolar de caracter político, que aune diferentes modalidades específicas, asegurará una respuesta más acorde a la complejidad que impone el terror, y salvaguardará recursos básicos para el sostenimiento y cuidado de su propia sociedad, de su modo de vida, incluso, del “sueño occidental“.